EL HUACAY - SIQUI

La referencia de este ser zoomorfo proveniene del norte de la provincia de Pichincha.
Según cuenta la historia, el huacay sinqui es un joven que tenia una madre muy enferma. El la cuidaba todas las noches, sin embargo una de esas noches se retiro de la compañía de su madre para comprar remedios, pero en el camino se topo con una muchacha de quien estaba enamorado, que precisamente lo invito a un baile, él erradamente aceptó olvidando completamente a su moribunda madre, entonces durante la fiesta se le acercaron para avisarle que su madre había fallecido, a lo que él respondió casi sin importancia "ya habrá tiempo de llorar". Así entonces como Tupa, el dios supremo, se enojo tanto con el, luego de ver su poco valor sentimental hacia su madre lo castigo convirtiéndole en una ave que llora durante las noches.
Según cuenta la historia, el huacay sinqui es un joven que tenia una madre muy enferma. El la cuidaba todas las noches, sin embargo una de esas noches se retiro de la compañía de su madre para comprar remedios, pero en el camino se topo con una muchacha de quien estaba enamorado, que precisamente lo invito a un baile, él erradamente aceptó olvidando completamente a su moribunda madre, entonces durante la fiesta se le acercaron para avisarle que su madre había fallecido, a lo que él respondió casi sin importancia "ya habrá tiempo de llorar". Así entonces como Tupa, el dios supremo, se enojo tanto con el, luego de ver su poco valor sentimental hacia su madre lo castigo convirtiéndole en una ave que llora durante las noches.
Accidente en un Abismo

En un lugar de la Sierra Ecuatoriana donde la carretera circula entre montañas y grandes abismos, un matrimonio con su hijo avanzaban con cautela en el coche. Era una noche con mucha niebla y el viaje era muy peligroso.
Regresaban de un viaje en la montaña y se dirigían a su casa por una carretera, poco transitada. De pronto se les apareció una mujer en medio de la carretera con el cuello y la ropa llenos de sangre gritando para que parasen. La familia paró y el marido se bajó del coche. Entonces habló con la mujer que, muy alterada y llorando, le dijo que habían tenido un accidente y que se habían caído con el coche por el barranco. La mujer le rogó que la ayudara, que tenía un bebé y se había quedado atrapado entre los hierros del coche, que bajara y lo sacara de allí.
Regresaban de un viaje en la montaña y se dirigían a su casa por una carretera, poco transitada. De pronto se les apareció una mujer en medio de la carretera con el cuello y la ropa llenos de sangre gritando para que parasen. La familia paró y el marido se bajó del coche. Entonces habló con la mujer que, muy alterada y llorando, le dijo que habían tenido un accidente y que se habían caído con el coche por el barranco. La mujer le rogó que la ayudara, que tenía un bebé y se había quedado atrapado entre los hierros del coche, que bajara y lo sacara de allí.
EL SANTO DESCALZO

En el Año 1910, los vecinos de San Roque se sorprendían de ver caminando por sus calles a un caballero alto, distinguido de ojos azules y barba rubia que solía vestir humildemente y caminar descalzo. Durante muchos años ocupó una tiendita oscura y húmeda que quedaba en la calle Rocafuerte, frente a la iglesia del barrio.
En aquel cuarto tan austero, este singular personaje montó una zapatería con una mesa y unas pocas hormas, planchas de machacar, suelas y otros artículos necesarios para ejercer el oficio de zapatero remendón. Dos muchachitos sanroqueños ayudaban al extraño zapatero y además de aprender el oficio, ganaban un peso diario más comida, una remuneración que era casi una fortuna para aquella época en que se compraba un huevo por un calé y una gallina ponedora por seis reales.
Toda bondad y gentileza era el "zapatero descalzo" como lo empezó a llamar la barriada. Cobraba muy barato y cuando el cliente era pobre, no le cobraba nada. Fue por eso que la gente le comenzó a conocer después como "El Santo Descalzo".
Los vecinos de Quito veían con ojos incrédulos como todos los domingos el zapatero dejaba su taller a las ocho de la mañana vestido con chaqueta, chaleco de fantasía, camisa con botones de perlas, gemelos de oro en los puños y un bastón con empuñadura de marfil y plata. Pero tanta elegancia contrastaba con sus pies siempre descalzos.
Parecía que llegaba al éxtasis. Oía la santa misa con gran devoción y en muchas ocasiones lo vieron llorar.
En aquel cuarto tan austero, este singular personaje montó una zapatería con una mesa y unas pocas hormas, planchas de machacar, suelas y otros artículos necesarios para ejercer el oficio de zapatero remendón. Dos muchachitos sanroqueños ayudaban al extraño zapatero y además de aprender el oficio, ganaban un peso diario más comida, una remuneración que era casi una fortuna para aquella época en que se compraba un huevo por un calé y una gallina ponedora por seis reales.
Toda bondad y gentileza era el "zapatero descalzo" como lo empezó a llamar la barriada. Cobraba muy barato y cuando el cliente era pobre, no le cobraba nada. Fue por eso que la gente le comenzó a conocer después como "El Santo Descalzo".
Los vecinos de Quito veían con ojos incrédulos como todos los domingos el zapatero dejaba su taller a las ocho de la mañana vestido con chaqueta, chaleco de fantasía, camisa con botones de perlas, gemelos de oro en los puños y un bastón con empuñadura de marfil y plata. Pero tanta elegancia contrastaba con sus pies siempre descalzos.
Parecía que llegaba al éxtasis. Oía la santa misa con gran devoción y en muchas ocasiones lo vieron llorar.
MAMA GUADA

En esta Cuenca maravillosa, afortunada por su entorno y su gente, vivía una mujer, propietaria de una cantina apartada, a quién llamaban Mama Guada.
Sin duda representa nuestro motivo de orgullo y complacencia, debido a que de acuerdo a lo que cuentan nuestros abuelos, fue la única persona que ha existido en este mundo que pudo engañar al diablo.
Ante la incredulidad de las personas y según la leyenda, el diablo siempre está detrás de cada persona. A nuestras espaldas, acechándonos, astuto y rápido para esconderse y desaparecer, cuando nos damos la vuelta; burlándose de esta manera de cada mortal.
Este personaje siniestro, por doquier acudía a este mundo, para llevarse las almas de los pecadores.
Mama Guada, que sospechaba de las habilidades del diablo y que conocía sus intenciones, un día se dio cuenta que el mismo se encontraba cerca de su cantina; en búsqueda del alma perdida de un hombre que ya bebía aguardiente algunos días y que había abandonado su casa.
Sin duda representa nuestro motivo de orgullo y complacencia, debido a que de acuerdo a lo que cuentan nuestros abuelos, fue la única persona que ha existido en este mundo que pudo engañar al diablo.
Ante la incredulidad de las personas y según la leyenda, el diablo siempre está detrás de cada persona. A nuestras espaldas, acechándonos, astuto y rápido para esconderse y desaparecer, cuando nos damos la vuelta; burlándose de esta manera de cada mortal.
Este personaje siniestro, por doquier acudía a este mundo, para llevarse las almas de los pecadores.
Mama Guada, que sospechaba de las habilidades del diablo y que conocía sus intenciones, un día se dio cuenta que el mismo se encontraba cerca de su cantina; en búsqueda del alma perdida de un hombre que ya bebía aguardiente algunos días y que había abandonado su casa.
CARBUNCO

Se trata de un animal fabuloso, propio de la Sierra de nuestro país. En las zonas del centro y el norte de esta región se lo describe como el perro del diablo, que tiene un lucero en la mitad de su frente y ojos de fuego que paralizan a cualquiera que lo vea.
Aparece ocasionalmente en las noches oscuras y en los lugares solitarios.
La persona que se llegue a encontrar con este ser, puede resultar favorecida, pues quienes conocen de esta leyenda cuentan que el Carbunco entrega y vomita una bola de oro incrustada de piedras preciosas… pero, quien recibe estas alhajas no debe mostrarse ambicioso, porque si lo hace –de inmediato- el Carbunco lo descubre, quita el tesoro y se lo traga, desapareciendo inmediatamente en la oscuridad, mientras que la persona que se mostró ambiciosa puede quedar ciega o paralizada.
Aparece ocasionalmente en las noches oscuras y en los lugares solitarios.
La persona que se llegue a encontrar con este ser, puede resultar favorecida, pues quienes conocen de esta leyenda cuentan que el Carbunco entrega y vomita una bola de oro incrustada de piedras preciosas… pero, quien recibe estas alhajas no debe mostrarse ambicioso, porque si lo hace –de inmediato- el Carbunco lo descubre, quita el tesoro y se lo traga, desapareciendo inmediatamente en la oscuridad, mientras que la persona que se mostró ambiciosa puede quedar ciega o paralizada.
En la Casa 1028

Había una vez una niña llamada Bella Aurora.
Era hija de padres ricos y cariñosos. En aquel tiempo la Plaza de la Independencia no tenía el monumento a la Libertad, sino una pila al centro. Allí se realizó una gran corrida de toros.
En segundo lugar salió un toro negro. Luego de mirar a su alrededor se acercó lentamente hacia Bella Aurora, quien se desmayó del susto. Sus padres la llevaron a curarla del espanto.
Se dice que en Quito había una mujer que todos los días llevaba su vaquita al Panecillo para que pudiera comer ya que no tenía un potrero donde llevarla.
Un buen día, mientras recogía un poco de leña, dejó a la vaquita cerca de la olla pero a su regreso ya no la encontró. Muy asustada, se puso a buscarla por los alrededores.
Pasaron algunas horas y la vaquita no aparecía. En su afán por encontrarla, bajó hasta el fondo de la misma olla y su sorpresa fue muy grande cuando llegó a la entrada de un inmenso palacio.
Cuando pudo recuperarse de su asombro, miró que en un lujoso trono estaba sentada una bella princesa que al ver allí a la humilde señora, le preguntó sonriendo:
-¿Cuál es el motivo de tu visita?
- ¡He perdido a mi vaca! Y si no la encuentro quedaré en la mayor miseria. Contestó la mujer llorando.
La princesa, para calmar el sufrimiento de la señora, le regaló una mazorca y un ladrillo de oro. Además, la consoló asegurándole que su querida vaquita estaba sana y salva.
La mujer agradeció a la princesa y salió contenta con sus obsequios. Pero, cuando llegó a la puerta, se llevó una gran sorpresa al ver a su vaca de regreso. -¡Ahí está mi vaca! Gritó la mujer muy contenta.
Y fue así como la mujer y la vaquita regresaron a su casa luego de esa inolvidable aventura que quedó escondida en la Olla del Panecillo.
Un buen día, mientras recogía un poco de leña, dejó a la vaquita cerca de la olla pero a su regreso ya no la encontró. Muy asustada, se puso a buscarla por los alrededores.
Pasaron algunas horas y la vaquita no aparecía. En su afán por encontrarla, bajó hasta el fondo de la misma olla y su sorpresa fue muy grande cuando llegó a la entrada de un inmenso palacio.
Cuando pudo recuperarse de su asombro, miró que en un lujoso trono estaba sentada una bella princesa que al ver allí a la humilde señora, le preguntó sonriendo:
-¿Cuál es el motivo de tu visita?
- ¡He perdido a mi vaca! Y si no la encuentro quedaré en la mayor miseria. Contestó la mujer llorando.
La princesa, para calmar el sufrimiento de la señora, le regaló una mazorca y un ladrillo de oro. Además, la consoló asegurándole que su querida vaquita estaba sana y salva.
La mujer agradeció a la princesa y salió contenta con sus obsequios. Pero, cuando llegó a la puerta, se llevó una gran sorpresa al ver a su vaca de regreso. -¡Ahí está mi vaca! Gritó la mujer muy contenta.
Y fue así como la mujer y la vaquita regresaron a su casa luego de esa inolvidable aventura que quedó escondida en la Olla del Panecillo.
MARIANGULA

La historia cuenta sobre una niña de una edad de 14 años, su madre vendía tripa mishqui, (es una comida tradicional que son tripas de res y se las pone sobre un brasero con carbón caliente para que vaya cociéndose lentamente, de los cual bota un aroma penetrante), esto se lo vende en una de las esquina de la ciudad colonial en Quito.
En una ocasión la madre de Mariangula mandó a comprar tripas, pero como esta niña era muy inquieta se fue a jugar con sus amigos e hizo caso omiso al mandado de su madre y para colmo se gastó el dinero para la compra de las tripas.
La niña preocupada por lo sucedido se imaginaba que su madre le iba a pegar.
Entre la preocupación de la Mariangula que caminaba por las calles paso por el cementerio, y se le ocurrió la macabra idea de sacarle las tripas de uno de los muertos que recién lo habían enterrado las sacó y las llevo a su mamá para que las vendiera y en efecto logro su objetivo para no ser castigada, las tripas se vendieron muy bien cosa que a todo el que compraba le gusto y en algunos casos se repitieron.
En una ocasión la madre de Mariangula mandó a comprar tripas, pero como esta niña era muy inquieta se fue a jugar con sus amigos e hizo caso omiso al mandado de su madre y para colmo se gastó el dinero para la compra de las tripas.
La niña preocupada por lo sucedido se imaginaba que su madre le iba a pegar.
Entre la preocupación de la Mariangula que caminaba por las calles paso por el cementerio, y se le ocurrió la macabra idea de sacarle las tripas de uno de los muertos que recién lo habían enterrado las sacó y las llevo a su mamá para que las vendiera y en efecto logro su objetivo para no ser castigada, las tripas se vendieron muy bien cosa que a todo el que compraba le gusto y en algunos casos se repitieron.
¿HASTA CUANDO PADRE ALMEIDA?

Cuenta la leyenda que Manuel de Almeida Capilla, hijo de don Tomas de Almeida y doña Sebastiana Capilla, ingreso a los 17 años de edad a la Orden de los Franciscanos. Sus devaneos temporales tuvieron un punto final, cuando el Cristo de la Sacristía del Convento de San Diego, sobre el que se encaramaba para alcanzar la ventana por la cual escapaba a sus juergas nocturnas, puso fin con su famosa frase: ¡Hasta cuando Padre Almeida!.
Nuevamente enrumbado en las normas religiosas a las que se había comprometido, llego a ser Maestro de Novicios, Predicador, Secretario de Provincia y Visitador General de la Orden de los Franciscanos. Pero la historia de este personaje es mas larga y pintoresca, aparentemente ingresó al Convento de los franciscanos más que por una verdadera vocación, por un desengaño amoroso. Tan grande debió haber sido su decepción que decidió abandonar su vida ociosa y entrego todos los bienes que le correspondían por herencia a las otras dos mujeres de su vida: su madre y su hermana.
Sin embargo, el encierro y la oración hicieron poco para vencer sus ímpetu juveniles. Pronto la tentación llamo a su celda en la forma de un compañero de encierro que le converso sobre sus evasiones nocturnas para visitar a unas damiselas de la vida alegre que se prestaban a compartir sus encantos con los buscadores de aventuras.
Nuevamente enrumbado en las normas religiosas a las que se había comprometido, llego a ser Maestro de Novicios, Predicador, Secretario de Provincia y Visitador General de la Orden de los Franciscanos. Pero la historia de este personaje es mas larga y pintoresca, aparentemente ingresó al Convento de los franciscanos más que por una verdadera vocación, por un desengaño amoroso. Tan grande debió haber sido su decepción que decidió abandonar su vida ociosa y entrego todos los bienes que le correspondían por herencia a las otras dos mujeres de su vida: su madre y su hermana.
Sin embargo, el encierro y la oración hicieron poco para vencer sus ímpetu juveniles. Pronto la tentación llamo a su celda en la forma de un compañero de encierro que le converso sobre sus evasiones nocturnas para visitar a unas damiselas de la vida alegre que se prestaban a compartir sus encantos con los buscadores de aventuras.
EL PENACHO DE ATAHUALPA
Cuenta la historia que, vencido y muerto el último Shyri durante la guerra entre caranquis e incas, los jefes del ejército y mas señores del reino de Quito proclamaron, en el mismo campo de batalla, soberana y legítima dueña de la corona a la bella y joven princesa Paccha, hija única de Cacha.
Después Paccha tomaría p por esposo al conquistador Huainacápac. Solo por amor y mediante este matrimonio, el imperio de los incas pudo extenderse hacia el norte del Tahuantinsuyo.
Una de sus primeras obras fue el hermoso Palacio Real o Inca huasi, levantado en Caranqui. Dicho palacio cobró fama en seguida, no por la riqueza que guardaba, ni porque allí vivieron Huaynacápac y Paccha al comienzo de su monarquía, sino principalmente porque allí nació Atahualpa.
Desde niño Atahualpa tuvo carácter fuerte. De cuerpo robusto, sus enormes ojos se le irritaba fácilmente cuando sentía cólera. Aprendía sin dificultad todo cuanto le enseñaban capitanes, generales y amautas o profesores.
Viendo Huaynacápac que su querido hijo manejaba con suma habilidad la cerbatana, lanza y otras armas, cierto día le regaló un arco de bejuco y varias flechas de oro. El principito estaba Feliz y orgulloso con el nuevo juguete. De pronto asomó por ahí una guacamaya, ave de preciosos colores: cuerpo rojo, pecho azul y verde, alas también azules y cola roja con azul. Así al instante cargó el arco, apuntó bien, disparó con certeza y la mató.
Saltando de alegría y con la presa en la mano corrió Atahualpa en busca de su madre. Paccha no le recibió contenta. Al contrario, le hizo notar que había cometido una maldad. Y le dijo que se mataba al enemigo en la guerra, porque él también posee armas para defenderse. No así a las avecillas de Dios, que adornan la naturaleza con su vistoso plumaje y lo alegran con sus trinos.
Atahualpa enmudeció largo rato. Con la cabeza baja y en silencio dio a entender que reconocía tan grave falta.
Entonces Paccha arrancó un plumón de la guacamaya y le puso en la frente del pequeñuelo, para que no olvidase la lección aprendida. Y así sucedió. Desde aquella ocasión y hasta la tumba lució el penacho en la corona real, junto con la esmeralda de los Shyris, el quiteño que llegaría a ser el Gran Emperador del Tahuantinsuyo.
ULTIMO ENSUEÑO DE MANUELITA
Cuenta la Sra. Laura Pérez de Oleas que Manuelita Sáenz estaba agonizando. Llenos de fiebre, sus enormes ojos negros vivieron un lucero errante. La enferma imaginó que era el alma de Bolívar diciéndole:
- Manuelita, toma esta corona de rosas. Es la misma que tú me arrojaste desde un balcón aquella mañana de mi entrada triunfal a Quito. ¿Recuerdas?
- !Bolívar! ... !Bolívar! _ exclamó la moribunda, extendiéndole los brazos. ¿Dices que soy hermosa con este vestido blanco y los colores de la Libertad?
- Sí, Libertadora _respondió el alma de Bolívar.
- Tú fuiste la dueña de mi vida. Tu me salvaste de la muerte, en la noche septembrina. Dame tus manos y vamos juntos a la cumbre de la inmortalidad.
Entonces Manuelita quiso levantarse, más no puedo sino gritar angustiada:
- !Bolívar, no te vayas! !No te separes de mí!
- Amada mía_ contestó el eco lejano de Bolívar.
Cierra bien tus ojos y sígueme: tú coronada de rosas y espinas: yo, de laureles y cardos.
En vano trató Manuelita de correr hacia la sombra de su amado, pues hallábase paralítica y agonizante. En medio del amargo llanto, volvió a escuchar:
- Mi Manuelita ... en vida estuvimos atados por el Amor, en la Muerte nos unirá la Gloria...
- No te vayas!... !No te vayas, por Dios!... !Vuelve a mis brazos, amor mío!, clamaba Manuelita.
Semejante súplica fue oída por la sirvienta mulata, quien, suponiendo que llamaba, se acercó de inmediato.- No es a ti, Imaya. Es a Bolívar... ¿No lo viste salir de aquí?, le respondió Manuelita muy molesta.
No, mi niña. No he visto de la muerte, la Libertadora del Libertador tuvo junto a sí el espíritu de quién expresó:
He arado en el mar y cosechado en el viento. También es así como detrás de un hombre ilustre está una gran mujer.
Cuando las campanas de las capilla vecina daban las seis de la tarde, murió Manuelita en Paita, en 1856.
EL ATRIO DE SAN FRANCISCO
Corrían tiempos de la Colonia. Un indio llamado Cantuña se comprometió a construir el atrio de San Francisco. A punto de ir preso por no haber cumplido su palabra, el pobre indígena pidió ayuda a Dios.
-¿De qué medio se valió?
- De la oración. Rezó piadosamente. Luego salió de su casa, envuelto en una ancha capa, y tomó el camino de la construcción. En ese lugar de entre el montón de piedras, vio que salía un hombre vestido de rojo. Era alto, de barbilla puntiaguda y nariz aguileña.
- Soy Luzbel, dijo. No temas, buen hombre. Te ofrezco entregar concluido el atrio antes de rayar el alba. Como pago por mi obra quiero tu alma. ¿Aceptas mi propuesta?
- Aceptada, respondió Cantuña. Pero al toque del Avemaría no debe faltar una sola piedra, o el trato se anula.
- De acuerdo, agregó Satanás.
- Firmado el pacto, miles de diablillos se pusieron a trabajar sin descanso. Cerca de las cuatro de la mañana, el atrio estaba a punto de ser terminado. Pronto el alma de Cantuña pasaría a poder de Luzbel. Pero los diablillos no alcanzaron a colocar todas las piedras. Todavía faltaba una. Por eso Cantuña salvó su alma.
- Entonces Luzbel montó en cólera y desapareció con sus obreros del infierno. Desde su partida tenemos el hermoso atrio de San Francisco. Es tan grande y precioso el atrio, que los quiteños han inventado esta agradable leyenda.

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